Para quiénes NO es la Cirugía Plástica

Todo procedimiento médico o quirúrgico está asociado a ciertos riesgos, algunos menores y otros de máxima importancia; corresponde al paciente y su médico determinar qué pesa más en la balanza de cada paciente: los riesgos o los beneficios. Ambos deben tener conciencia clara de qué peligros corren en caso de realizar un procedimiento determinado y qué probabilidades reales existen de lograr el éxito deseado.

Afortunadamente la Cirugía Plástica permite al paciente decidir qué se quiere hacer y también al cirujano plástico si quiere, puede o debe hacer lo que el paciente le pide.

Paciente y cirujano podrían percibir lo resultado de una operación de modo diametralmente opuesto y para evitarlo deben aprovechar la consulta previa a modo de esclarecer cada inquietud del paciente, dejarlo preparado mentalmente y con expectativas realistas de los resultados.

En ciertas circunstancias es mejor no acceder a las peticiones de los pacientes si se sabe o se supone que los resultados serán mediocres o inaceptables; los pacientes deben entender y aceptar este rechazo como una forma de cuidarlos. En Medicina lo primero es no hacer daño.

En ocasiones la percepción de que un paciente no es buen candidato para la cirugía puede ser muy vaga, una sensación “visceral” de rechazo o un “sexto sentido” que aconseja no operar. En tales casos es recomendable no intervenir al paciente o hacerlo sólo después de haberlo estudiado exhaustivamente desde el punto de vista físico y mental. Estos resguardos son altamente beneficiosos tanto para el paciente como para su médico.

En otras oportunidades hay elementos claros que desaconsejan las intervenciones, entre ellos figuran los siguientes:

  • Disturbios mentales: Algunas personas pueden percibir desfavorablemente los resultados de una cirugía aún cuando ésta haya sido técnicamente impecable y maximizan pequeños detalles sin alcanzar a ver que el resultado general es bueno. La percepción inadecuada de la realidad en algunas enfermedades mentales contraindica severamente la cirugía plástica.
  • Dismorfofobia: Es un trastorno siquiátrico que impide a las personas verse tal cual son, se obsesionan con irregularidades mínimas o inexistentes (ej. se ven gordos aún estando muy flacos). Su atención no pasa por la Cirugía Plástica si no por psicología/psiquiatría.
  • Motivaciones equivocadas: Si el paciente desea operarse para recuperar su pareja o ganar el afecto de alguien obviamente está equivocado, ninguna cirugía plástica o inyección podrá garantizarle esos resultados, lo ideal es que el paciente tenga objetivos concretos que puedan resolverse con la intervención como: “sacarme este rollo”, “aumentarme los senos” o “quitarme las bolsas de los párpados”.
  • Expectativas exageradas: Ocasionalmente atendemos a pacientes que pretenden imposibles y olvidan que sólo somos cirujanos plásticos, no magos. Algunos llegan con revistas y fotos de celebridades para ilustrar sus aspiraciones. Siempre se puede hacer algo para mejorar un defecto y generalmente los resultados son buenos o muy buenos pero el paciente que espera más de lo que un procedimiento puede aportarle no debería operarse, y si le ofrecen más de lo que sería razonable esperar debería buscar una segunda opinión. Recuerde que trabajamos sobre tejidos humanos no sobre plastilina.
  • Motivaciones ajenas: Los pacientes que son “traídos” a la consulta por terceras personas son malos candidatos a cualquier procedimiento. La modificación del cuerpo puede ser tan trascendente que es imposible realizarla si el paciente no tiene un deseo claro y una convicción profunda de ello.
  • “Adicción” a las cirugías: Algunos pacientes que se han sometido a múltiples procedimientos tienden a minimizar los riesgos quirúrgicos, a personalizar y desobedecer las indicaciones médicas y a esperar siempre más de lo que la cirugía puede ofrecerle; a veces sólo pretenden enmascarar serios problemas sicológicos, olvidando que la cirugía sobre tejidos muy intervenidos empobrece los resultados. Es normal tener metas y desear modificar lo que nos desagrada en nuestro cuerpo pero siempre es bueno conocer los límites “lo perfecto es enemigo de lo bueno”.
  • Fobia a las cicatrices: Las nuevas tecnologías y productos permiten lograr grandes cambios sin cirugía, las inyecciones de Ácido Hialurónico y Toxina Botulínica permiten rejuvenecer el rostro y modelar su estructura pero las cirugías siempre dejarán cicatrices; Obviamente el cirujano plástico se esforzará por minimizarlas, sin embargo, la cicatrización puede ser caprichosa e impredecible, influida por múltiples factores difícilmente controlables.
  • Cirugía “a escondidas”: Un adulto no debería necesitar el permiso de otro para una cirugía plástica pero cuando los pacientes pretenden ocultar los procedimientos hasta de sus parejas es porque de alguna manera estos se opondrían. Cabe preguntarse ¿por qué? Los resultados de la cirugía involucrarán inevitablemente a la pareja, es mejor si se involucra también en las consideraciones previas.

Una buena relación médico-paciente es imprescindible para conciliar sus intereses con las capacidades de su cirujano. Diga siempre la verdad y pregunte todo aquello que quiera saber; las preguntas que no haga antes del procedimiento siempre serán tardías… las respuestas después del procedimiento siempre le parecerán excusas.

Fecha: septiembre 1st, 2012

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